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domingo, 13 de diciembre de 2009

Los caminos del cielo.


En el último programa de Un Punto Azul hemos tocado algo que es la primera inquietud que siente la persona que se acerca al mundo de la astronomía cuando decide el paso de salir de casa y mirar al cielo.
¿Hacia donde miro? En el hemisferio norte tenemos la gran suerte de contar con la Estrella Polar. Esa estrella, no muy brillante, pero sí puesta en el justo punto para que nos sirva como referencia de orientación.
Aparentemente se encuentra en la prolongación imaginaria del eje de la tierra hacia el norte. O casi, porque no está justamente ahí. Pero da igual. Nos sirve.
No es dificícil encontrarla. Sólo siguiendo las dos estrellas exteriores, los punteros, de El Carro, la encontraremos.
El Carro también nos llevará a múltiples sitios del cielo norte. A la estrella Arturo, luego a la Spica, o si cogemos camino contrario a la Polar, nos llevará a Leo...
De eso hemos hablado en nuestro último programa. Si conseguimos que no te sea difícil encontrar el Norte, nos damos por satisfechos.
Del hemisferio sur, sé poco. Nunca estuve allí. Pero sueño con estar, con ver el cielo desde la Pampa Argentina o desde el desierto de Atacama. Poder ver la Cruz del Sur. Poder ver las Nubes de Magallanes. Ojalá pueda cumplir ese sueño.




martes, 8 de diciembre de 2009

Orión



En nuestras noches de cielo de invierno, quien se lleva la palma como constelación conocida por la mayoría de la gente es Orión. Aunque en realidad, casi nadie que no esté metido en el mundillo de la astronomía es capaz de dibujarla entera ante sus ojos.
Lo más conocido son las tres estrellas equidistantes que forman el cinturón de Orión, y que en Andalucía llamamos ‘Las tres Marías’.
Son en este orden y desde el Sur, Alnitak (‘El cinturón’), Alnilam (‘el hijo de perlas’) y Mintaka (‘cinturón).
Se llaman así porque parece formar parte del cinturón de la imagen que evoca esta costelación: el guerrero Orión, aquél que fue castigado por Zeus, por perseguir a las Pléyades y fue muerto por el Escorpión. Por ello, le pusieron en el cielo, y en las noches de invierno, le vemos detrás de las Pléyades eternamente, y cuando él se pone, aparece por el horizonte la constelación de Escorpio, y viceversa. Cuando Escorpio desaparece en invierno con el Sol, aparece de nuevo Orión tumbado, para a medianoche hacerse dueño del cielo y ponerse de pie.